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Hay otras curvas que también matan

16June
Hay otras curvas que también matan

Por: María del Mar Oyola

Las medidas desproporcionadas de confinamiento, caídas súbitas en la demanda y la activación poco efectiva de la oferta han generado impactos negativos en diferentes índices macroeconómicos que alertan a la sociedad. Las nuevas restricciones a las que se enfrenta el país quedaron consignadas en el Decreto 749 de 2020, en el que se estipula que habrá una apertura parcial de la economía y de manera transversal se evitarán los contagios masivos para evitar el colapso del sistema de salud. Pero, a decir verdad, esas justificaciones han perdido algo de validez. Me cuesta creer que estén sustentadas en datos empíricos y, aunque lo estuvieran, el objetivo mismo de una cuarentena en época de pandemia se ha perdido. 

  
Inicialmente se planteó un modelo epidemiológico en el que se estimaba el número de contagios, las muertes y la llegada del pico del virus. El 24 de marzo de 2020, fecha en la que el gobierno decretó el primer aislamiento obligatorio, la sociedad tenía claro que era imperativo encerrarse en sus casas para que el sistema de salud se preparara; se adecuaron diferentes espacios y se hizo el respectivo gasto en utensilios que previnieran muertes masivas. Con el paso del tiempo, la misión de la cuarentena se perdió y las medidas se tornaron opresivas. La gente ha perdido confianza, paciencia y credibilidad en aquellos decretos que ahora se volvieron parte del día a día. 
  
Hace poco, el DANE proporcionó una serie de datos del mercado laboral en Colombia y los resultados, más que alarmantes, fueron desalentadores. El desempleo total ha alcanzado niveles cercanos al 20%, mientras que el país ha tenido una tendencia histórica  sutilmente a la baja, por lo que estos informes generan más preguntas que respuestas. La curva de contagio del COVID-19 no es la única que está quitando vidas: no se nos puede olvidar que la pendiente pronunciada de la curva de tasa de desempleo también roba sueños, genera incertidumbre y presiona a los individuos a que tengan más miedo a morir de hambre que a morir por el virus persé. 
  
Entiendo, también, que uno de los retos de política pública a cargo del gobierno es el de incidir positivamente en el comportamiento social pues, con el tiempo, las personas demuestran menos racionalidad en su actuar. Sin embargo, no se pierde la esperanza de un país lo suficientemente consciente y compasivo frente a la situación. Me atrevería a decir que es una de las pocas veces en la historia que el mundo entero se encuentra en la misma condición. Quién lo creyera, el virus ha tenido todas las características inclusivas  de las que la humanidad carece: no es selectivo, racista, clasista ni xenofóbico; simplemente es y no discrimina. Por eso que considero que hay que mirar más allá de seguir imponiendo aislamientos obligatorios que paulatinamente revientan el tejido económico. Hay que proteger a los vulnerables, informales, desempleados y, lógicamente, a los enfermos. Así, esta es una invitación, casi a grito herido, a tener en cuenta que hay otras curvas que también matan. 


Referencias 

  1. Observatorio de coyuntura económica y social del Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico – CEDE de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes. (2020, mayo 18). Efectos en pobreza y desigualdad del Covid-19 en Colombia: un retroceso de dos décadas. Recuperado 27 de mayo de 2020, de https://economia.uniandes.edu.co/components/com_booklibrary/ebooks/BM%2020.pdf
  2. Grupo de Investigación en Macroeconomía. de la Facultad de Economía . (2020, abril 11). Crédito público para pagar las nóminas de las empresas: ¿efectivo? Recuperado 27 de mayo de 2020, de https://economia.uniandes.edu.co/components/com_booklibrary/ebooks/BM%2013.pdf


  1. Rueda de prensa Mercado Laboral 2020 DANE 

Fuente: https://www.lafronteracolombia.com/